Por Ubaldo Figueroa
Quizás, el título del presente ensayo pueda generar curiosidad en el lector, y sí, es exactamente lo que busco. ¿Por qué hacer mención a una sociedad organizada para delinquir junto a los mandatos divinos que nos aproximan al plan de Dios? Pues, fácil, porque pese a las acciones que realizan no dejan de ser nuestros hermanos a los ojos de Nuestro Señor, el hecho de delinquir ciertamente los aleja, sin embargo, no los excluye, “… Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna …” (Jn 3:16).
Como señaló Rousseau, el hombre es un ser bueno por naturaleza, sin embargo, es un ser vulnerable, un ser frágil, un ser fácilmente influenciable, un ser que tiene la tendencia al bien y al mal dependiendo de la sociedad en la que se desarrolle. Claro ejemplo es el que podemos encontrar en “Érase una vez en América”, película que nos muestra las etapas de la vida del hombre en este mundo criminal.
Ya mencionado lo anterior, evidentemente podría surgir una interrogante: ¿es posible que se cumplan los mandatos divinos en esta sociedad criminal organizada?, ¿o el cumplimiento parcial sería una manera oportunista de buscar la salvación? Cierto es, que la apertura a una discusión moralista estaría presente y una respuesta basada en la enseñanza que Dios nos profesa, la respondería inmediatamente: “… quién esté libre de pecado, que lance la primera piedra …” (Juan 8, 7).
Corresponde entonces, realizar un breve comentario sobre el tema en cuestión:
I. Amarás a Dios por sobre todas las cosas
II. No tomarás el Nombre de Dios en vano.
III. Santificarás las fiestas en nombre de Dios.
Evidentemente, como puede apreciar el lector, este es el inicio de la paradoja entre la Mafia y los Mandatos de Dios siendo que la religión está muy arraigada en la conciencia de nuestros personajes. Los tres primeros refieren el amor hacia Dios, pero, ¿cómo respetar y retribuir ese amor si se incumplen las primeras exigencias?, pareciera que con este primer acercamiento podemos confirmar una separación absoluta entre la Mafia y la religión observando en el mejor de los casos un relativismo religioso. Recordemos que, son los personajes principales los que incumplen las ordenanzas, mas no su familia. Paradójicamente son ellos quienes se preocupan del fiel cumplimiento hacia las personas de las cuales está a cargo.
En la primera entrega de la Película El Padrino podemos observar cómo es que, en la realización de una ceremonia solemne para la religión católica, el jefe de familia se preocupa por estar presente en la celebración y paralelamente reflexiona en los actos que ordenó realizar en contra de sus enemigos.Queda demostrada una inconsistencia total.
El siguiente Mandamiento, de mención especial, podría revertir esta primera percepción de contradicción que se tiene sobre la Mafia y los diez mandamientos:
IV. Honrarás a tu padre y a tu madre
Ciertamente, este es uno de los pocos mandatos que alcanza un cumplimiento efectivo dentro de esta organización criminal. A partir del cuarto mandamiento se enuncian exigencias del hombre con sus prójimos, y ya este es el inicio de la relación de respeto entre la familia y el entorno más cercano.
En la presentación de la mayoría de rodajes cinematográficos, el respeto hacia la familia es esencial para la Mafia. Una frase que podría reunir de manera precisa el pensamiento que se tiene sería la siguiente: si no respetas a tu familia no eres digno de confianza menos aún, una persona leal. Películas como “Érase una vez en América”, “El padrino” (en todas sus entregas), “Los intocables” entre muchas más respaldan esta idea. La Familia es pilar de formación y único lugar de refugio confiable.
Refiriendo principalmente a las escenas de “Érase una vez en América” reuniéndolos además en un grupo por ser, a criterio personal, difícilmente separable uno del otro al momento de delinquir y luego de haber encontrado un punto de coherencia entre los mandamientos con la mafia, volvemos a toparnos con la paradoja presentada, encontrándose muchas veces en pares al ser unos consecuentes de otros:
V. No matarás
Es un hecho que este mandamiento se vulnera de forma obligatoria al momento de respaldar la posición entre los grupos de estas sociedades cuando entran en conflicto, muchas veces simplemente para imponer un orden jerárquico o venganza tal como lo muestra aquella escena lamentable en la que un grupo de niños son interceptados y perseguidos en un cruce de calles.
VI. No cometerás actos impuros
La realidad expuesta en la escena que presenta a un grupo de niños y un policía en la cinta cinematográfica nos muestra cómo es que el deseo carnal puede dominar el actuar del hombre, indistintamente a la edad la exposición frente a una mujer lo pone en un escenario de sometimiento al impulso sexual generando cotidianeidad en su incumplimiento utilizado en su mayoría como recurso para obtener algún beneficio.
VII. No robarás
Mencionar la escena del grupo de niños con el reloj frente al policía demostraría que la ausencia de este mando es un camino de iniciación necesaria para la proximidad a los contactos de este mundo.
VIII. No darás falso testimonio ni mentirás
En un primer acercamiento a este mundo podría demostrarse lealtad ya que sí llega a cumplirse en la mayoría de escenas, sin embargo, es necesaria su infracción como recurso disponible para evitar mayores consecuencias; tenemos a los infiltrados en cada organización además de hacer una mención especial a las escenas iniciales de “El Traidor”.
IX. No consentirás pensamientos ni deseos impuros
La adolescencia, una etapa crucial en el desarrollo del ser humano adquiere un matiz especial en este ámbito del deseo carnal cuando se tienen situaciones que pretenden la facilidad para su materialización, tal y como se expone la escena donde se practicaban pasos de baile en una habitación, participación de ambos protagonistas propio de la edad.
X. No codiciarás los bienes ajenos
La ambición es normal para aquellos que desean forjar un camino y consolidarlo, sin embargo, un deseo de superación mal focalizado conlleva a uno de los pecados capitales; la codicia, diversidad de escenas en “Érase una vez en América” desde el momento en el que se desenvuelven los niños en sociedad hasta su vida adulta pueden demostrarlo, y cómo no, la escena final en donde se presenta una reflexión en cuanto aquello que se tiene.
Finalmente
Luego de este breve desarrollo exponemos aquella paradoja en cuanto al cumplimiento de aquellos mandatos sagrados en el mundo criminal organizado. “Érase una vez en América”, ¿no es acaso la máxima expresión de infringimiento a una normativa moral y religiosa efectiva?, ciertamente lo es; sin embargo, no debemos de ser jueces ante este actuar.
La fragilidad del hombre parece ser una característica sobresaliente en este mundo criminal. Si creces rodeado del mal, ocasionalmente normalizarás esto; y contrario a esto, si creces rodeado del bien, ocasionalmente existirán menos situaciones desafortunadas.
Es así que, con este ensayo se pretendió comentar cómo es que la Mafia integra un relativismo en cuanto al fiel cumplimiento de los mandatos católicos base para la aproximación al Plan de Dios. Por un lado, en una visión estricta del comportamiento en la sociedad, quedan excluidos, sin embargo, los instauran de manera estricta en su propia organización como señal de reputación, lealtad, confianza y si se prefiere salvación, para las relaciones que surjan entre ellos.
Importante recordar: si ya en un escenario lejos del crimen se hace difícil para el fiel creyente el cumplimiento de las exigencias de Dios, imagínese en un escenario totalmente adverso a lo considerado “normal”.
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