Director: Masaki Kobayashi. Basada en la novela: La condición humana de Junpei Gomikawa. Actor principal: Tatsuya Nakadai como Kanji. País: Japón. Año:1959.
Reseña por Andrea Gordillo.
“El hombre que no puede elegir ha perdido la condición humana”- Anthony Burgess.
La frase que sirve de encabezado a esta reseña hace referencia a la libertad inherente que posee cada ser humano. Libertad que está impregnada en nuestra naturaleza, y que a veces puede verse limitada por nuestra pobre conciencia y reflexión. El arte es testimonio de esa realidad, y el cine en nuestros tiempos nos ha mostrado cómo el hombre libre no deja de serlo por más trágicas que sean sus circunstancias. Así pues, uno de los tópicos más importantes sobre los que la industria cinematográfica ha producido notables obras es la Segunda Guerra Mundial, el más atroz evento que ha soportado la humanidad. Entre las más reconocidas podemos citar a “La lista de Schindler” (1993) dirigida por Steven Spielberg, debido a su carácter reflexivo sobre el humanismo durante el Holocausto Nazi. La frase “el que salva una vida humana, salva la humanidad entera”, fragmento de uno de los diálogos de la cinta, quedó impresa en la mente de muchos espectadores, quienes ante estas soberbias palabras nos preguntamos ¿qué es humanidad?, ¿qué es ser realmente humano o humanista? Quizás la primera de una serie de películas japonesas, antecedentes de la producción de Spielberg, se constituyó en un magnífico testimonio del esfuerzo humano para responder estas interrogantes. Estamos hablando de la obra maestra de Masaki Kobayashi: La Condición Humana.
La condición humana (Ningen no joken) una trilogía rodada entre los años 1959 y 1961. La primera entrega “No hay amor más grande” narra la historia de Kanji (Tatsuya Nakadai), un joven con ideales diferentes a los de su época, con valores, que trata de escapar de las atrocidades de la guerra a toda costa, termina aceptando un trabajo en una mina de Manchuria, donde al poco tiempo queda a cargo de los prisioneros de guerra traídos de China.
Al contrario de Oskar Schindler, quien experimenta toda una metamorfosis de pensamiento, el protagonista de esta historia se muestra desde el inicio como una persona íntegra que defiende lo correcto y reconoce el valor de cada ser humano. No obstante, a pesar de su determinación, no está libre de pasar por duros dilemas morales. Su espíritu humanista tie ne que hacer frente a sus responsabilidades del trabajo y el peligro que corre su familia. Su asombro ante la maldad, personificada en aquellos que lo tratan perjudicar y en el rechazo de quienes trata de ayudar, le provocan un dolor su carácter se vuelva de que hace que cada vez más duro. A lo largo de la cinta, Kanji se encontrará con situaciones desgarradoras, pero también se le presentan personas que esclarecen esta encrucijada, aquellos que le recordarán “tienes que elegir entre el genocidio o convertirte en un ser humano auténtico”, “al ser humano siempre lo podrás encontrar donde reside la humanidad”.
Esta película además de contar la historia de un personaje de manera única, también nos introduce y nos retrata un episodio de la Segunda Guerra Mundial, muchas veces dejada de lado en occidente. Se trata de la ocupación japonesa de Manchuria en el contexto de la segunda guerra s inojaponesa. Japón había conseguido someter a China y convertirla en uno de sus territorios, y era una usual costum bre entre ellos tomar prisioneros de guerra para que se ocupen de las zonas industriales de su país, de tal modo que pudieran continuar teniendo municiones. Esta película retrata los abusos que se cometieron contra ellos, y además nos acerca a la cultura y pensamiento japonés de la época.
Está cinta tiene un verdadero carácter humanista y antibélico. En ella podemos reconocer el eco de las palabras de Eduardo Galeano, que nos dicen “Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda ev idencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados”

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