País: EUA- Japón
Dirección: Clint Eastwood.
Guion: Iris Yamashita
Música: Kyle Eastwood - Michael Stevens.
Fotografía: Tom Stern.
Reparto: Ken Watanabe, Kazunari Ninomiya, Tsuyoshi Ihara, Ryo Kase, Shidou Nakamura, Nae, Hiroshi Watanabe, Takumi Bando, Yuki Matsuzaki.
Productores: Amblim Entertainment, DreamWorks Pictures, Malpaso Productions, Warner Bros Pictures.
Reseña por Milagros Zapana
Limítate a cuidarte y a volver sano y salvo. Recuerda lo que te dije muchas veces: “haz siempre lo correcto, porque es lo correcto”. Rezo por que esta guerra tenga un pronto final y regreses cuanto antes.
- Te quiere, mamá.
De repente, tocaron la puerta y me dijeron, “¡Enhorabuena! Tu marido se va a la Guerra”. Quedé estupefacta. Mi esposo dijo con asombro y falsedad: “¡Muchas gracias! Estaré encantado de poder servir a mi patria”. Pude salir del laberinto de mis pensamientos y – con una reacción desesperada- sostuve que solo nos teníamos el uno al otro, pero fue en vano... Ella dijo: “¡Cállate! Todas hemos enviado a nuestros esposos e hijos a la guerra, todos tenemos que poner de nuestra parte para este fin”. Lo último que dijo me rompió en mil pedazos…
“Al menos tu hijo mantendrá vivo tu apellido”
Mi esposo estaba condenado a morir en una maldita guerra. No podía evitar sentir ya el dolor de su pérdida, y tenerlo conmigo se resumía en apreciar los últimos momentos que ya se desvanecían “Un tiempo sin (ser) tiempo” que pasaría a mi lado y el de nuestra hija, a la cual probablemente nunca conocería. Antes de partir, él se inclinó, puso su mano sobre mi vientre, y le susurro al bebé.
- Hijo… ¿Me oyes? Soy papá. Escucha no cuentes a nadie lo que voy a decirte. ¡Es un secreto!
Tu papá volverá a casa contigo…
Y se marchó. Ahora, con mi alma rota, solo pienso en la lejana y quimérica idea de volver a verle, y vivir la historia que prometimos contar y no aquella por la que irá a morir.
Cartas desde Iwo Jima (2006) es una película estadounidense de Clint Eastwood basada en el libro Picture Letters From the Commander in Chief de Tadamichi Kuribayashi, [el autor] fue un general del Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Mundial que dirigió la defensa en la batalla de la Isla Iwo Jima, en el transcurso de la cual resultó desaparecido.
La lucha por Iwo Jima constituyó una de las campañas bélicas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial. El ejército japonés se mantuvo firme más de un mes antes de sucumbir ante la inminente derrota. El libro en el cual gravita el guion está compuesto por cartas personales de personajes que podremos apreciar en la película, pero principalmente nos muestra un hombre sensible. Kuribayashi es capaz de expresar en estas cartas, el amor por su familia y la inquebrantable lealtad hacia su país, tal hecho trae una nueva voz y perspectiva a la historia.
La película, nos cuenta de manera asombrosa como nuestro protagonista el valiente soldado Saigo, esposo y padre de familia, en cuya primera aparición se nos muestra, conversado ingenuamente con su hijo antes de partir a la guerra, a pesar de que el pequeño aún permanezca en el vientre de su madre. Por lo demás, el film retrata tres abatidos personajes que escriben y ven reflejadas sus emociones, miedos y angustias en cartas.
El mayor acierto de Cartas desde Iwo Jima estriba, en plasmar los estertores de una mentalidad feudal que imponía obediencia ciega al Emperador y, por ende, a los superiores en cualquiera de los estamentos en los que se organizaba la sociedad. Es este conflicto del que se sirve Eastwood para captar visualmente un Japón en constante progreso y, a la par, anclado en su legado milenario. La cinta, además, plantea la tensión entre el deber contraído con los superiores, la patria y los anhelos personales; mientras que, a través de los distintos personajes, se perfilan y yuxtaponen los diversos estilos de pensamiento en una nación que exigía fidelidad y entrega absoluta. Los enfoques -y las tragedias- serán múltiples: desde el general Kuribayashi, instruido en Estados Unidos -interpretado por el magnífico Ken Watanabe-, pasando por los mandos intermedios cegados por el patriotismo, hasta llegar al soldado raso que sólo ansía salvar la vida. Cabe resaltar que el guion hace alusión de manera perspicaz a los fajines que usan los soldados para cubrirse el vientre -lugar en el que se halla el alma para los japoneses- o al describir a los Kempeitai (una fuerza policial encargada de mantener el orden en los territorios ocupados por Japón durante la Segunda Guerra Mundial), se hace evidente hasta para él espectador menos avezado los códigos y acontecimientos históricos; Eastwood nos entrega una película que es fiel a carta cabal llegando al grado de concebir con gran exactitud histórica hechos y tradiciones impresionantes
En suma, Cartas desde Iwo Jima es una inmersión en el infierno bélico por parte de unos personajes tan forzadamente humanos que se mueven con la escasa convicción del cliché. Los matices son puramente culturales: a los japoneses les toca apechugar la situación con un tradicional sentido del sacrificio que proporciona a la película sus momentos más duros.
No corre el agua -ni el aire-. La guerra no tiene rostro de mujer y desde el silencio hay una voz que da gritos de maldición. Sin embargo, Cartas desde Iwo Jima nos muestra otra cara, quizás con el único propósito de humanizar a un enemigo que había sido reiteradamente des-humanizado en el imaginario colectivo a través de la propaganda de guerra.

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