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La moral y el estado nazi: El fin sí justifica los medios

 Volker Schlöndorff, Der Neunte Tag, Alemania, 2004, 98 min. 


Por: Luciana Zevillanos


                                     


La persecución religiosa durante la Segunda Guerra Mundial significó para la Iglesia un dilema de aspecto religioso y político, donde el nazismo intentaría someterla al totalitarismo y abuso de poder para hacer de ella una “aliada” del Estado, esto movilizó al régimen a mostrar una cara confrontacional y persuasiva frente al clero, viéndolo como un obstáculo; pero a la vez como un instrumento para la realización de sus designios.

Este tema es tratado en la película alemana El Noveno Día que narra las vivencias de Henri Kremer, un cura con una acomodada posición en la iglesia de Luxemburgo. El sería sujeto de intimidación por el partido nazi, con el objetivo de conseguir la aprobación eclesiástica del régimen hitleriano. Es así, que se le otorga el plazo de nueve días para que logre tal mandato, bajo la amenaza de retornarlo a los campos de concentración y matar a su familia.

Desde el punto de vista de la crítica especializada, esta película pertenece al género dramático y bélico. Sin embargo, estas consideraciones no pueden evidenciar del todo el aporte más importante de la película que es su intensidad psicológica. Aspecto que lograron realizar con mucho mérito. Esto se aprecia fundamentalmente con el personaje principal, Kremen, cuyo mundo interior es evidenciado a detalle. Generando la empatía del espectador con el personaje y comprenda su lucha de conciencia entre el bien y el mal, entre la iglesia y su familia, y principalmente la oscilación de su fe, elementos que lo llevan a vacilar de su vocación religiosa. Su incertidumbre es llevada al límite, a la vez instrumentalizada, por Gebhardt, un oficial nazi y ex seminarista, que lo tenía entre manos por medio de una persuasión de la conciencia de tipo confrontacional basada en fines maquiavélicos, buscando la responsabilidad de su comportamiento y conminarlo a una traición consigo mismo y su entorno. Así pues, según la lógica nazi, era posible quebrantar la moral para obtener un fin “superior”, en los cuales el significado humano universal no tenía valor por sí misma en la vida espiritual, sino que era determinada por el idealismo de la raza y el poder. Ésta idea, queda simbolizada inteligentemente en el personaje de Judas; “Sin Judas no hay Iglesia”, decía Gebhardt, al pretender que Kremmer asumiera ese papel. Donde, los diálogos entre ambos personajes se convierten en un deporte filosófico en la búsqueda de la verdad, y de lo que sería considerado “políticamente y moralmente correcto” a ojos de los nazis.

Por otro lado, la película incide también en la evolución de la relación entre Kremer con su familia,  con el estado Nazi y consigo mismo, punto que podría ser reflexionado en base a la obra de Franz Kafka Metamorfosis, siendo Gregorio Samsa el fiel reflejo de Henri Kremer, quien a un inicio es visto por su familia como un objeto de esperanza; pero que con el pasar de los días lo ven como un obstáculo y un peligro para su bienestar, tratando de ocultarlo en otro país, aspecto que es evadido por el personaje principal quien persevera hasta el último día. Así mismo, se evidencia la visión utilitarista y marginal del Estado nazi hacia el personaje principal, culminando con su aniquilación al identificar que todo fue en vano, considerándolo un traidor y enemigo del nazismo. Por otra parte, se percibe la transformación psicológica y emocional del sacerdote como su racionalidad humana involuciona en el instinto animal de su supervivencia, es así que el personaje de Kremmer pasa por una metamorfosis tanto interna como externa, un ejemplo en cómo se puede llegar a ver al ser humano como un medio, hasta llegar al punto de animalizarlo. 

 

Considerando que, desde el punto de vista político, si antes de la segunda guerra mundial el estado tenía un fin protector de los individuos, con la llegada del nazismo, el estado pasó a ser un fin para consolidar y extender una ideología política y para ello se valía de las personas, por esa razón se buscaba la alianza con la Iglesia y el control absoluto de la sociedad por medio de la represión y la censura. Es así que El Noveno Día representa temas como la lucha de conciencia, la búsqueda de poder político, la contienda por el perdón, la decepción de uno mismo, pero principalmente es el reflejo en cómo entre seres humanos podemos llegar a ser concebidos como medios para llegar a un fin no compartido.   

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